20 Marzo 2017

 

Justicia, Definición, Estatua, Justicia De La Señora

Cuando en 1869 los constituyentes se empeñaron en regular un verdadero poder judicial, no imaginaron lo más mínimo en qué podían de parar los acontecimientos futuros que son los actuales. Durante la transición política  quedó claro que la instauración de un régimen de libertades  no podía subsistir sin una justicia  verdaderamente democrática, independiente y no politizada. Difícil tarea la de reunir tantas y tan buenas cualidades, lo que no debiera ser raro.

La justicia en el año 2016 no solamente carece de las cualidades anteriormente indicadas sino que está viciada por las directrices del partido que gobierna, al menos ha sido así hasta ahora en el que el bipartidismo hacía y deshacía a su antojo.

Actualmente parece que se establecerán canales de observación que pueden conducir a que la justicia sea aquello que deseaban los constitucionalistas de 1978 o bien que sea objetivo a destrozar más si cabe, lo que nos llevaría a un territorio absolutamente indómito. Una justicia independiente no significa irresponsable, bien al contrario los jueces están sometidos a responsabilidad penal, civil y disciplinaria.

Hoy un juez es un funcionario, servidor público que tiene la difícil tarea de dirimir lo blanco de lo negro, mejor voy a decir de lo gris, porque es ahí dónde está el problema, como el problema está no solamente en la escasa independencia de la justicia sino además de la baja calidad de quienes son los encargados de administrarla y aplicarla.

Los errores judiciales se suceden por doquier y el colapso de la justicia parece un hecho anunciado porque cada día los medios son menores y los que existen son absolutamente precarios.

¿Interesa a los políticos tener una justicia ágil?, yo particularmente lo dudo, los controles a las administraciones tradicionalmente no son bien vistas. Las administraciones tienen, por principio, que estar por encima de los administrados, pero también es verdad que la seguridad jurídica no debe ser pisoteada por una Administración cuyas reglas de juego son cada vez más injustas.

Una justicia injusta es lo peor que puede suceder, “la mala salud de hierro” de la que goza la justicia hace que chirríen muchos goznes y esto hace imposible tener buen gobierno.

Fortalecer la administración de justicia tanto ante los ciudadanos como ante los políticos que administran nuestras vidas sería lo deseable, necesitamos más ejemplaridad y menos escaparate aunque cuando ves lo que tenemos a nuestro alrededor deseas salir de este país de pillos y truhanes que hacen de lo público un medio de vida que debemos pagar sin rechistar.

Madrid, 22 de mayo de 2016

Mariano Avilés- Jurista