9 Mayo 2017

Resultado de imagen de imagen de cervantes sobre el delirio y la soberbia

“…has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey…”

 

“Mira y remira, pasa y repasa los consejos y documentos que te di por escrito antes que de aquí partieses a tu gobierno, y verás como hallas en ellos, si los guardas, una ayuda de costa (dinero para gastar) que te sobrelleve los trabajos y dificultades que a cada paso a los gobernadores se les ofrecen. Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido, que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho da indicio que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de contino (continuamente) le hace.”

Don Quijote es un personaje patológico, no tan ficticio como pudiera pensarse, que da consejos a Sancho; su válvula de escape era la lectura de los libros de caballería, el cura del pueblo era su competidor en lectura de este género de libros; llega al delirio hasta llevarlo a la práctica totalidad de sus personajes inventados; a Don Quijote le hizo delirar su depresión.

Muchos son los autores que sostienen que Cervantes entendía de “cosas” de medicina, pues en sus obras se encuentran concepciones clínicas de su tiempo.

Cervantes tenía muy arraigado el concepto de envidia, esa envidia pueblerina que todo lo empaña, algo que en la sociedad actual sucede con demasiada frecuencia, desgraciadamente, gentes que tienen y defienden una idea social pero que apuestan por la mejor condición social, porque es más confortable. Hace poco escribía en este blog sobre Séneca, todo un ejemplo a estudiar.

Cervantes deformó la realidad para hacerla más real de lo que pudo pensar. La ironía y la realidad de lo ilusorio conforman la forma de ser del personaje; una lucha real entre lo que no es y aspira a ser sin querer ser; una lucha mental o como diríamos ahora, un “cacao” bastante entendible desde la perspectiva del siglo XXI. De esto hay mucho y buenos ejemplos hoy.

En el capítulo XII de la primera parte, Don Quijote ya se había pronunciado sobre el significado del agradecimiento, diciendo a los galeotes (presos)  que había liberado de las cadenas:

“De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que mas a Dios ofende es la ingratitud”.

Un proverbio muy antiguo compara al ingrato con una copa agujereada, en la cual se pierde todo lo que se vierte. El refranero popular sabio, que dice sentencias inapelables, critica el olvido de los beneficios recibidos con esta sentencia:

“Rogar al santo hasta pasar el tranco”, o sea, hasta pasar el trance. Dicho de otro modo, “una vez el peligro desaparecido, el santo queda en el olvido”.

Quijotes que alimentan la soberbia de sentirse inmunes. Es difícil dialogar con alguien que rara vez admite sus errores y desprecia cualquier argumento ajeno; puede llegar a ser desesperante. Las personas soberbias muchas veces se creen ‘todopoderosas’, quieren alimentar su ego a costa de los demás y suelen tener problemas en el entorno social.

Contra estas actitudes luchó Don Quijote dando sus consejos a Sancho; la admiración que este sentía por el delirio de su señor a quien se atrevía a corregir haciendo ver la realidad que nunca acababa de identificar con nitidez y que le granjeó no pocos disgustos.

Es curiosa la insistencia de Cervantes en ocuparse de los fenómenos de la mente y de la conciencia, repetidas veces exhibe conocimientos de medicina mental; en sus obras aparecen muchos personajes con desvíos mentales y de actitudes poco recomendables para las personas de su entorno; le llevó a analizar a la vez las pasiones y las facultades anímicas, por eso perfeccionó tanto a su enfermo Don Quijote.

El trastorno de la soberbia puede llevar al narcisismo; quienes lo padecen –dicen las modernas corrientes psicológicas – tienden a exagerar sus logros y capacidades, sacan provecho de los demás, tienen envidia o se creen envidiados, suelen ser arrogantes y tienen una fantasía de éxito ilimitado.

Don Quijote es un personaje culto, de gran cultura en su tiempo lo que le llevó a comunicarse permanentemente con su escudero Sancho, humilde en sus orígenes como lo fue a la hora de atreverse a replicar a su señor; precisamente Don Quijote  le advirtió de los estados de soberbia en los que podía caer al verse instalado en la comodidad de la Ínsula Barataria. Recuerda que has de morir. Todo aquel que peca de soberbia lo hace sin duda porque olvida su condición mortal”.

Sin comunicación, necesaria entre las personas,  la prosperidad se torna imposible, es la mayor barrera pues si el silencio está no existe nada, ni tan siquiera la posibilidad de ensalzar comportamientos o de corregir errores de los actos humanos; esas formas tan necesarias cuando las gentes se precian de tener cultura. El hombre culto  se manifiesta cuando divulga lo bueno que contiene en su interior para aprovechamiento de los demás; hay que aprenderlo desde niños, ser generosos es la mayor virtud humana y su reconocimiento el mejor premio.

Cervantes había creado un monomaniaco, de temperamento bilioso y nervioso, un verdadero neurópata, cuyo neurismo era exaltado por las fingidas concepciones que se desarrollaban en el enfermo cerebro de Don Quijote.

“Alguien con poder y con aires de grandeza suele ser muy autoritario al mandar. No tiene en cuenta opiniones, críticas o sugerencias de su entorno”, afirma el psicólogo clínico J. Cruz. Si esa persona está en situación de obedecer, con frecuencia se rebela ante las normas establecidas. “Conviene estar atentos y poner actitudes de soberbia en cuarentena”, continúa Cruz en su análisis clínico sobre las actitudes desviadas del ser humano.

Don Quijote reúne morbosas condiciones (la aventura de la Cueva de Montesinos) para los episodios patológicos que padece. Le sobreviene un ataque de letargia lúcida con alucinaciones sensoriales y con recuerdo al despertar; en este episodio mental los sujetos conservan determinados sentidos durante el ataque; esto lo corrobora el doctor Menéndez Pelayo en su Historia de las ideas estéticas de España, en la que dice refiriéndose a Cervantes:

“Es cierto que los grandes ingenios poseen el don de ver con claridad, y en una intuición rápida. Lo que los otros hombres no alcanzan sino por un laborioso esfuerzo intelectual”.

Agradecido se mostró Sancho de los consejos de su maestro, el glosario de agradecimientos contenidos en el capítulo XLII con motivo del gobierno concedido de la Ínsula de Barataria

“Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte, que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.”

Dar las gracias por un beneficio, consejo o favor concedido, así como  pedir perdón por nuestras acciones que han podido molestar a los demás, son algunas de las buenas costumbres que a veces olvidamos poner en práctica y que se almacenan en el crisol de la educación recibida.

En el trato con los demás, las expresiones de agradecimiento o las que usamos para pedir disculpas promueven una relación amable entre las personas y son señales de buena educación, adecuadas formas de comportamiento social y grandeza humana.

La palabra gracias es grande, enorme en sí misma, no solo por el valor lingüístico sino también por el sentido personal y social que tiene para todos; hace referencia a la “honra y alabanza que se tributa a otro”.

“Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha te haya salido a ti a recebir y a encontrar la buena ventura (…) Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

 Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra”.

 Nuestra sociedad nos castiga a considerar un arte el hecho de comprender al otro, algo que debiera ser simple y natural, un aprendizaje de la humildad, que en plena era tecnológica nos puede ayudar a construir un mundo razonablemente ordenado y comprensible donde tenemos que vivir.

Mahatma Gandhi sugiere que la verdad sin humildad  es corrupta y deviene en caricatura arrogante de la verdad. La humildad es una virtud  central en el taoísmo.

Una persona sabia actúa sin proclamar sus resultados, archiva sus méritos y no se queda con arrogancia en ellos, no desea demostrar su “superioridad ante los demás”.

Y  ante tan sabios consejos recibidos dijo Sancho :

“—Vístanme como quisieren, que de cualquier manera que vaya vestido seré Sancho Panza”.

Nobleza obliga

Mariano Avilés- jurista. Mayo 2017